Me llamo como tu cuerpo.
Pregunta si hemos llegado ya
a la estación del día.
No me llores ahora que nos vemos,
vamos, no me seas triste, ahora, justo
cuando vengo y tú devienes
en mi alma de cacharro o
en mi alma como un verbo.
Acredita tu nostalgia de ser
con el sello de tu sal acrisolada y viértela sobre mis hombros,
mis pechos, mis manos sucias,
dame a los ojos
el agua porque me llamo como tu cuerpo.
Soy tus piernas y tu sexo.
Mi nombre es tu oreja derecha y el color
de tus pestañas.
Para que se te pegue la muerte
a la sala atroz del cuerpo
he llegado a ti con mis manos tristes,
con mis pies frágiles,
con mis poblados ojos siniestros.
(No hago otra cosa que enviarte noche)
Te toco apenas y ya ves con
el ojo inútil
historias ya y con los labios secos
y mucha tumba en el camino
de tu casa,
mucha leche ácida y negra en tu voz
de pájaro aprendido
(Soy tu pueblo y sólo envío a tus dientes noche.)
No amé mi lívida
o espesa tristeza de crepúsculo.
No te vi (mis huesos)
coronado con los huesos de mi cuerpo.
No malherí los brazos
para abrasarte en mi miedo y
en mi muerte.
Para que se te pegue la luna
a lo más profundo del vientre.
Eso era.
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